No hacer actividades de ocio educativo puede tener consecuencias emocionales

No hacer extraescolares puede tener consecuencias tanto educativas como emocionales y sociales. Así lo alerta el sociólogo y jefe de proyectos de la Fundación Jaume Bofill, Miguel Ángel Alegre, quien augura que a finales de curso se pueden empezar a observar efectos negativos si no se revierte la situación. Estos pueden ser niños y jóvenes encerrados en entornos familiares, más ansiedad y menos motivación en la escuela. Tanto él como la directora de la Alianza Educación 360, Fathia Benhammou, coinciden en que los más afectados vuelven a ser los de entornos desfavorecidos. “Se está descabezando el derecho a la educación, especialmente a los más vulnerables”, dice Benhammou. Por ello, reivindican que las extraescolares son “espacios seguros” y piden flexibilizar las restricciones.

Los expertos defienden la importancia del componente educativo y emocional de las actividades extraescolares. “Ir a la escuela es condición necesaria, pero no suficiente”, resume Benhammou. Por ello, considera que la imposibilidad casi generalizada de hacerlas -sólo se puede en los casos en que se mantengan los grupos burbuja de las escuelas- “priva a los niños de espacios claves de participación y adquisición de competencias”, como pueden ser la resolución de conflictos, un pensamiento crítico o, incluso, la gestión actual de la incertidumbre y las emociones. Para Benhammou es evidente que no poder hacer actividades extraescolares “tendrá consecuencias en las trayectorias educativas y en la adquisición de competencias clave”.

Estas consecuencias pueden ser de carácter más educativo, pero también en el terreno relacional y emocional, añade Alegre. El sociólogo apunta que hay estudios que ponen de manifiesto el papel cada vez más relevante que tiene el que pasa fuera de la escuela en la corrección de desigualdades educativas. Por ello, es de prever que sin éstas, las desigualdades se incrementen, reduciendo las oportunidades de aquellos más vulnerables y de entornos más desfavorecidos.

Reconoce que hoy por hoy puede que no se están observando estas consecuencias pero augura que pueden empezar a aflorar “hacia finales de curso”. Pone como ejemplo niños y adolescentes desocupados, con menos contacto con los demás, más cerrados en entornos familiares y que pueden sufrir de aburrimiento, ansiedad o inquietud. Todo esto afecta también a su predisposición y su rendimiento en la escuela. “Quizá a finales de curso empezamos a tener consecuencias a ambos niveles si esto no empieza a revertirse”, alerta. En estos casos las actividades telemáticas pueden ser un “parche” pero Alegre asegura que están a “años luz” de la motivación que genera ir presencialmente a practicar un deporte, tocar un instrumento, hacer teatro o clases de refuerzo, por ejemplo. Además, con la opción virtual se sigue dejando al margen todas aquellas familias que no pueden acceder a estos recursos digitales.

Una vez analizada la importancia de las extraescolares y de ocio educativo, tanto Benhammou como Alegre defienden que su realización es segura. Aseguran que existen experiencias como las del verano y que tanto entidades, ayuntamientos como escuelas están preparadas para aplicar las medidas y los protocolos necesarios. “Tenemos que poner por encima de todo la educación”, afirma Benhammou. Alegre defiende que el riesgo que conllevan estas actividades no es superior al que se da en otras circunstancias y que, en cambio, los beneficios son muchos: “Los costes que puede representar para la educación y el progreso de los niños, sobre todo los que están en situación de mayor vulnerabilidad, seguro que es superior al riesgo que se puede correr, que es muy mínimo si se organizan bien las actividades “.

Ante una eventual recuperación de las extraescolares, el sociólogo plantea que se tenga en cuenta cuáles son los colectivos más perjudicados por no hacerlas. Además, apunta que en estos casos será necesaria también una política para incentivar la participación. Y es que se da la circunstancia de que a menudo las familias que más claro tienen la importancia de las actividades fuera de la escuela son las que lo pueden permitir y ya acceden. Para Alegre, habría que reivindicar la necesidad de las actividades extraescolares y de ocio al nivel del movimiento ‘Abrimos las escuelas’. Añade que están en juego las oportunidades educativas del país y confía en que en las próximas revisiones de restricciones por la Covidien, las autoridades “las irán teniendo en cuenta”.

Lo que tienen claro ambos es que ante las inciertas, e independientemente de si se pueden recuperar durante el curso, el verano volverá a ser clave para lograr que todos los niños y jóvenes tengan acceso al tiempo libre.

Fuente: ACN

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